Historias que inspiran

Familias que se unen gracias a ti

Sentado mirando fotos de su Facebook, con sus ojos brillantes y rojos, Jonathan Aceitón recuerda el año que estuvo separado de sus 5 hijos. “Esta foto es el día en que me devolvieron a Camilita, en ese instante se terminó el peor ciclo de mi vida, desperté de la peor pesadilla”.

Jonathan con sus 5 hijos y su madre Myriam
Jonathan junto a sus cinco hijos y Myriam, su madre

A los 16 años Jonathan de hoy 36,  conoció a la madre de sus 5 hijos. Muy enamorados se casaron y comenzaron a hacer crecer la familia. Para traer el sustento al hogar, él trabajaba todos los días muy duro e incluso había semanas en que no regresaba a la casa, porque le surgían jornadas fuera de Santiago. El exceso de trabajo lo tenían distanciado de su esposa e hijos. Comenzó así a nacer la desconfianza mutua y la violencia intrafamiliar no tardó en llegar.

Sin darse cuenta la joven pareja fue divagando en un lúgubre camino de violencia, donde los niños eran los más afectados. “Un día Martín, mi hijo de 15 años, llega a la casa con un gorro que no era de él, le pegué fuerte, le dije que no debía robar. Llegó al colegio muy afectado, me mandaron a llamar, nadie quiso escucharme y carabineros me llevó detenido. Estuve dos días y fue así como me quitaron a todos los niños”.

Muy tristes por todo lo ocurrido, Francisca y Felipe llegaron a vivir a la Aldea Madreselvas en Santiago. La dupla de profesionales a cargo de estos hermanos sabía que debían trabajar con ellos y además con su familia. Lo importante era que los niños contaran con una figura familiar presente en todo este proceso. Fue así que Myriam, la abuela paterna toma un rol importante en este camino de revinculación familiar. “Hicimos todos los talleres y lo que ellos nos indicaron”, lo importante era que volvieran, nos comenta Myriam. “Así las psicólogas y trabajadoras sociales de la Aldea nos ayudaron a recuperar el cuidado de los niños”. Al cabo de unos meses recuperamos el cuidado de los niños. La última en llegar a la casa fue Camila, quien hoy no se despega del lado de su padre y hermanos.

Cuando una familia se vuelve a unir, cada niño, niña, padre, abuelo y tío vuelve también a sonreír. Gracias por ayudarnos a reunificar familias y por entregar segundas oportunidades a padres que luchan por recuperar el cuidado de sus hijos.   

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