Ariel, una historia de inspiración

Ariel Arancibia llegó a la Aldea de Quilpué a los tres años, junto con dos de sus tres hermanos biológicos, después del abandono de su madre.
 
Ella dejó a su marido con cuatro hijos y él los entregó al hogar porque no tenía las condiciones de cuidarlos de forma adecuada. 
 
Ariel tuvo la oportunidad de estudiar con el apoyo de Aldeas Infantiles SOS, cursando Ingeniería en Comercio Internacional en la Universidad del Mar. Inmediatamente después siguió el Magister en Comercio Internacional. En su época de estudiante universitario conoció a Karen, su mujer, que también vivía en la Aldea. Él le ayudaba con reforzamiento de clases de matemáticas y en vacaciones trabajaba en la misma Aldea en labores que le permitían reunir dinero, tales como salvavidas, portero, etc.
 
Cuando él tenía 27 años y ella 21 se casaron, en el año 1997. Fruto de este matrimonio nacieron tres hijas, hoy de 16, 12 y 6 años. Pero quieren devolver  la mano a una niña que no goza del cuidado de sus padres, por ello se encuentran en proceso para adoptar a una cuarta integrante.
 
Ariel trabaja para la minera Escondida en Antofagasta, bajo turnos de 5 x 2. Él siempre ha permanecido en contacto con Aldeas Infantiles SOS y tiene un profundo agradecimiento con la institución, a sus 44 años afirma que “lo que soy se lo debo a Aldeas”. Su hermana biológica trabaja como administrativa en la Aldea de Quilpué, aunque lamentablemente su madre social murió cuando él aún estaba estudiando. 
 
Dice que tuvo una infancia muy feliz, con excelentes condiciones desde el punto de vista material y de apoyo médico y psicológico. Sin embargo, siempre tuvo la sensación de que le faltaba vivir ese concepto de familia tradicional, lo que ha recalcado en su propia experiencia como padre. Dice que no deja pasar un día sin decirle a sus niñas que las quiere, que son lo más importante en su vida y que las necesita. 
 
 
Hoy tiene un grupo familiar muy unido y lleno de amor, aunque hay temas más delicados, como por ejemplo, cuando sus hijas preguntan por sus abuelos, por cómo eran los papás con ellos, etc. El proceso de adopción tiene que ver con poder “devolver la mano” de alguna manera, y otorgar a un niño la posibilidad de vivir en familia y con más oportunidades. 

Este testimonio avala uno de los principales objetivos de Aldeas, que tiene que ver con que los niños puedan romper el círculo de la pobreza y el abandono y construir relaciones sanas y positivas en su propio hogar. Por este motivo, el caso de Ariel refuerza esta capacidad de reparar y fomentar un modelo de vida en familia.

 
  • Ariel, una historia de inspiración

    - Ariel Arancibia llegó a la Aldea de Quilpué a los tres años, junto con dos de sus tres hermanos biológicos, después del abandono de su madre. Leer Más