Historia de una Mamá Social

Evelyn Toledo tiene 30 años y lleva 6 años en la Aldea de Concepción. Partió en un principio en la Aldea de Malleco donde llegó buscando un puesto trabajo estable y agradable, le dieron el dato y postuló sin saber exactamente en qué consistía la labor de Aldeas.
En la Aldea de Malleco pasó por un periodo de capacitación, se integró en una casa como tía de apoyo, posteriormente, realizó una serie de cursos para aprender a manejarse como mamá SOS. Ese año y medio que pasó en la Aldea fue para ella una preparación, siempre fue guiada por una mamá SOS con una vasta experiencia que le enseñó mucho. Por una circunstancia personal, Evelyn dejó Aldeas por un tiempo, sin embargo, siempre tuvo claro que volvería.
 
 
Al poco tiempo, llegó a la Aldea de Concepción y se hizo cargo inmediatamente de una casa con nueve niños, algunos de ellos pequeñitos todavía. De su llegada a la Aldea, cuatro de los primeros niños que cuidó se fueron, dos volvieron con su familia biológica gracias a los programas de revinculación familiar y dos se convirtieron en adolescentes y egresaron de la organización. 
 
Esta joven madre SOS ha cuidado un total de 12 niños, el más pequeño de ellos llegó de entre 1 y 2 añitos. Sus mayores satisfacciones han sido verlos crecer y desarrollarse como buenas personas. “Al principio son reservados y callados, no hablan mucho de ellos mismos, cuando les das amor y confianza te das cuenta que están llenos de sueños e ilusiones y, lo más importante, se ven capaces de realizarlos”. 
 
Esta cuidadora 24/7, como las denomina la organización, reconoce que los niños y niñas con el trabajo de Aldeas aprenden a quererse a sí mismos, se expresan mejor, también se defienden, muestran su opinión y es así como van desarrollando su propia personalidad. “Estoy convencida de que el día de mañana podrán cumplir sus sueños si se lo proponen, son muy capaces, muy inteligentes y tienen muchas ganas de salir adelante”.
 
Evelyn tiene actualmente una pareja y por el momento no están pensando en tener hijos. “Él me ha entendido súper bien, conoce muy bien mi trabajo, sabe que los niños de Aldeas son para mí muy importantes”. Ella explica que siempre ha tenido claro que quería adoptar: “Desde pequeña siempre pensé que hay tantos niños que no tienen la posibilidad de estar con sus padres y, ¿por qué no podemos brindarles la oportunidad de crecer en familia? A día de hoy, y más desde que trabajo en Aldeas, sigo pensando igual: “la vocación de un padre o de una madre no reside en tenerlo uno mismo, sino en participar de su crianza y crecimiento”.
 
Esta mujer de 30 años encontró en Aldeas Infantiles SOS un trabajo repleto de calor de hogar y que la hace muy feliz. “Somos una gran familia, compartimos penas y alegrías. Tenemos nuestras propias dificultades, pero nos ayudamos los unos a los otros, salimos adelante siempre son una sonrisa y mucha alegría”. Lo único que necesitan los niños y niñas es amor y apoyo incondicional, positivismo, esperanza y energía.
 
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