Violencia infantil en Chile

¿POR QUÉ LO HACEMOS?

Violencia y situación actual

En Chile un 3 por ciento de la población total de niños (4.500.000 según Censo de 2017) está en programas ambulatorios o de protección del Estado. Es decir, 175 mil niños están o han viviendo una situación de vulnerabilidad.  En este escenario dos niños de cada mil se encuentran separados de sus familias, en instituciones de protección y cuidado (Fuente: Observatorio del Sistema Judicial y Fondo para la Infancia de las Naciones Unidas).

La Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) y las Directrices sobre Modalidades Alternativas de cuidado de niños de Naciones Unidas establecen que vivir en familia es un derecho de todo niño, niña y adolescente. En ese sentido, el lugar más propicio para que un niño se desarrolle siempre es en un entorno familiar natural, afectivo y estable, con padres o adultos capaces de brindarles un cuidado de calidad y un entorno protector. 

Sin embargo, muchos niños en América Latina y El Caribe han perdido o corren el riesgo de perder el cuidado de sus familias, debido a que sus padres o los adultos responsables de su crianza se ven a veces imposibilitados de proporcionar un cuidado adecuado para que el niño se desarrolle física, intelectual y emocionalmente.

Estas situaciones responden a diversos aspectos políticos, económicos, sociales y culturales. La compleja interacción entre factores externos e internos a la familia, como la pobreza, la desigualdad y la exclusión social, entre otros, exponen a los niños a una situación de mayor vulnerabilidad. 

Si bien existen múltiples causas que varían de acuerdo a las características de los distintos países de la región, las principales causas son: violencia intrafamiliar,  violencia de género, situación de calle, trabajo infantil, explotación sexual comercial, desastres naturales, conflictos armados, VIH-SIDA, consumo problemático de drogas, discapacidad y migraciones.
 

En América Latina
y el Caribe
1 de 5

niños es extremadamente pobre. Afecta a más de 32.000.000 de niños. Casi la mitad de los niños son pobres ya sea de forma moderada o extrema.

En Chile 7 de 10

niños sufren maltrato en sus hogares y manifiestan que reciben algún tipo de violencia de parte de su madre y/o padre.

 

Según cifras del Cuarto Estudio sobre Maltrato Infantil llevado a cabo por Fondo para las Naciones Unidas el año 2012:
 

 
71%

de los niños y niñas ha sufrido un tipo de violencia.

8,7%

de los niños y niñas ha sufrido abuso sexual.

19,5%

de los niños y niñas es víctima de violencia psicológica.

25,9%

de los niñas y niñas es víctima de violencia física grave.

 
49,4%

de los niños y niñas que vive algún tipo violencia física ha repetido algún curso

21%

de los niños y niñas que es víctima de violencia física grave consume medicamentos para mejorar su rendimiento o comportamiento

42,1%

de los niños y niñas que son víctimas de violencia tienen una mala relación con sus compañeros.

53,4%

de los niños y niñas que ha sufrido violencia física grave cree que el castigo físico sirve para la formación de los hijos.

Además, datos del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género indican que las principales consecuencias de la violencia intrafamiliar de tipo física contra los niños y niñas identificadas son: ser victimizados en la escuela (35,3%), tener problemas de salud mental (30,3%), consumir alcohol (28%) y consumir drogas (13,8%).

La violencia intrafamiliar ejercida por padres, cuidadores o adultos responsables del niño en el hogar puede adoptar múltiples formas. Por un lado, la violencia física es la que se ejerce mediante golpes, azotes o sacudones, causando un daño físico al niño. Numerosos estados latinoamericanos están reformando su legislación para proteger mejor a niñas y niños contra la violencia. De los 19 estados latinoamericanos, Argentina, Bolivia, Brasil, Costa Rica, Honduras, Nicaragua, Uruguay y Venezuela han reformado sus leyes para prohibir el castigo físico y humillante en todas sus formas; y 9 países más se han comprometido a hacerlo, entre ellos Chile

La violencia psicológica  es aquella que se realiza a través de amenazas, gritos, intimidaciones y humillaciones, haciendo sentir al niño que es despreciado e incapaz. La violencia sexual implica forzar o seducir al niño a formar parte en actividades sexuales inapropiadas para su edad con el objetivo de satisfacer las necesidades de los adultos. Se reconoce cada vez más, que un gran porcentaje de niños y niñas son perseguidos y agredidos sexualmente por las personas más cercanas a ellos.

La negligencia  también es considerada una forma de violencia, entendida como el descuido, la falta de supervisión y de protección reiterada de los niños contra todo tipo de daño, por parte de las personas encargadas de su cuidado. 

Según los estudios realizados en 18 países de América Latina y El Caribe, la violencia es una de las principales causas de la pérdida del cuidado familiar, generando impactos negativos en la salud, crecimiento y bienestar del niño.

Las tecnologías de la información  también, pueden llevar asociado un grave riesgo de violencia incluidos abuso y explotación sexual en línea, más conocido como grooming. Según el Informe Anual de las Naciones Unidas sobre la Violencia contra los Niños, publicado recientemente arroja que:
  • Se calcula que el número de imágenes de abusos a niños en Internet aumentó en un 1.500% de 1997 a 2006. 
  • Los niños que aparecen en ellas son cada vez más pequeños: más del 80% tienen 10 años o menos, y el 3% tiene 2 años o menos.
  • De las imágenes y los vídeos examinados, el 17,5% mostraban a niños de 15 años o menos, y el 85,9% de ese contenido se había generado usando una cámara web en vez de un dispositivo móvil.
  • Del contenido que mostraba a niños de 15 años o menos, el 93,1% mostraba a niñas.

Tal como lo establece la Convención sobre los Derechos del Niño (CND), todos los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a vivir en un entorno seguro, estable y libre de violencia.
 
¡En Aldeas Infantiles SOS condenamos enérgicamente todo tipo de abuso y explotación de niños y adolescentes, en cualquier ámbito y situación!
 

Situación de los jóvenes


Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), 30 millones de jóvenes de Latinoamérica no estudian ni trabajan en forma remunerada, limitando su desarrollo y sus oportunidades de futuro. La estadística no es exclusiva a nuestro país. Según la última encuesta de Ocupación y Desocupación del Gran Santiago, 17,1% de los jóvenes entre 20 y 24 años se encuentra cesante, mientras que en el rango etario entre 25 y 29 años, el porcentaje es de 11,9 puntos porcentuales.

Un amplio abanico de razones explicaría esta situación: educación deficiente y excluyente, falta de asesoramiento, desajuste entre las capacidades desarrolladas y requisitos del mercado. Además, muchos de ellos deben asumir labores no remuneradas en el hogar. Asimismo, 6 de cada 10 jóvenes que consiguen algún tipo de actividad laboral se ven obligados a aceptar empleos informales, que implican malas condiciones, falta de protección legal, baja productividad y bajos salarios.

En la actualidad la población joven de América Latina y el Caribe está sufriendo una crisis de exclusión social y desempleo, que se manifiesta en el incremento de 3 puntos porcentuales en el último año (18,3%) según la OIT. Esta crisis repercute especialmente en aquellos jóvenes con mayor vulnerabilidad: mujeres, migrantes y aquellos institucionalizados que han perdido o están en riesgo de perder el cuidado familiar.

Para asegurar el desarrollo y la inclusión social de estos millones de jóvenes es imprescindible actuar hoy y ahora. Aldeas Infantiles SOS trabaja en diversos programas, que preparan a los jóvenes para la vida independiente, apostando al desarrollo de sus capacidades y al fortalecimiento de sus competencias para facilitar su autonomía, empoderamiento y realización personal. Esto lo hace brindando entornos protectores y educación de calidad, capacitación y desarrollo de habilidades, formación de empleo y emprendimiento, acceso a la experiencia laboral a través de alianzas, y promoción de la igualdad de acceso al empleo decente. 

Las oportunidades y las juventudes tienen algo en común: no pueden esperar. Por tal motivo el compromiso de todos debe manifestarse aquí y ahora. El trabajo decente para los jóvenes y los espacios de participación y capacitación son la clave para el cambio. Sólo a través de ellos podremos lograr un futuro sostenible y un mundo más igualitario. 
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